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La Coctelera

El viaje del Elefante Azul

El vacío encapsulado. Sólo resta creer.

Categoría: Unspoken books

2 Octubre 2005

Doctor Pasavento

Me transformé en una figura de libro, una vida leida. Lo que siento es (sin yo quererlo) sentido para escribir que se sintió. Lo que pienso aparece enseguida en palabras, mezclado con imágenes que lo descomponen, abierto en ritmos que son algo distinto. De tanto recomponerme acabé destruyéndome.

B. Soares, Libro del desasosiego

Cuando yo era niño, David Copperfield, el mago con nombre de libro, desapareció primero un elefante y luego la estatua de la libertad en directo por televisión. Me acuerdo que vi el acto y quedé pasmado. ¿Cómo era posible semejante prodigio? Luego, más viejo, descubrí que por razones menos mágicas la gente también desaparecía. De la vida de uno, algunos, y de la de todos, otros más. El protagonista de Doctor Pasavento quiere desaparecer, dejar su vida de escritor público. «La fama eclipsa, impone barreras sobre el individuo y lo fuerza un poco a dejar de ser», eso se lo escuché decir en una entrevista a Angelina Jolie. Ese ser público es un ente genérico impuesto por los demás, sin verdadera voluntad ni identidad. No es de sorprenderse, entonces, que algunos se harten y escapen de la fama desapareciendo para así volver a ser, digamos, de carne y hueso.

La historia de la desaparición del escritor Andrés Pasavento es contada por sí mismo a manera de diario. Este diario es a su vez un ensayo sobre la desaparición centrado en la figura del escritor suizo Robert Walser, la historia de una obsesión por la rue Vaneau de París, que poco a poco se torna en el establecimiento de una teoría conspiratoria en la que dicha calle juega un rol central, y un libro de viajes ficticios y reales que Pasavento y sus nuevas identidades emprenden en busca de un lugar para volver a ser sin el lastre de lo que habían sido. De paso termina siendo una inmersión lenta en la locura y la aceptación de la misma vista a través de los ojos del que la padece.

Con esta novela, Vila-Matas continua una serie que, por poner un punto de partida, inició con Bartleby y Compañía o tal vez con Suicidios Ejemplares. El tema es el lento hundimiento en la nada: morirse, dejar de escribir, dejar de ser, desaparecer para ser otro. En varias partes lo he visto decir que el tema de Bartleby no son las razones para dejar de escribir sino todo lo contrario, las razones para hacerlo. En Doctor Pasavento evidencia más esa idea permitiéndonos presenciar muchas veces durante el transcurso de la misma la creación de lo literario cuando el protagonista está supuestamente dejando la literatura. El acto de dejarla lo obliga a contar, a escribir. Viene y va, va y vuelve. El libro es un vaiven, una discusión a varias voces —que en realidad son solo una— sobre la labor de escribir y las maneras de hacerlo.

Hay una reflexión recurrente en Vila-Matas con respecto a la dualidad realidad-ficción. En esta novela, al mismo tiempo que retoma el tema, el catalán ejecuta varios juegos de ejemplificación del proceso: ficciones dentro de ficciones que terminan siendo realidades, viajes físicos de lo real a lo fantástico y de vuelta —en los cuales lo real luce a veces más irreal que lo fantástico—. El ejemplo se hace aún más notorio cuando se acompaña de una lectura previa de El viento ligero en Parma, su reciente libro de ensayos, y se observa como temas allí tratados son recompuestos y modificados en la novela para hacerlos parte de la narración.

Diez años después de la desaparición de la estatua de la libertad, un programa de televisión desenmascaró el truco descubriendo, a los pocos que lo recordábamos, que el hecho de que la estatua no se viera no significaba que no estaba allí. Uno de los entrevistados añadía que no se dió cuenta lo grande que era la estatua sino hasta que dejó de verla. Así mismo, el recuento de la aventura del desvanecimiento del Doctor Pasavento es la mejor manera que él encuentra para dejarse ver y, tal vez, la mejor novela que jamás publicó. El vive feliz, no se preocupen, ayer lo vi. Está gordo y aprendió a cocinar, dejó la lectura y ahora sólo ve televisión, se rie mucho y está perdiendo el acento. Me dijo que nos recordaba con mucho cariño, que gracias por haberlo olvidado.

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19 Julio 2005

De todo, como en botica.

1. Primer

«De la sutileza atractiva a la obviedad trivializante», éste podría ser perfectamente el subtítulo de Primer, una cinta que pretende seguir los pasos de la confusa Pi pero finalmente no se resiste a desenmarañarlo todo produciendo con esto una maraña de iguales o peores dimensiones.

2. La guerra de los mundos


The war of the worlds tenía un problema desde su concepción: hace unos años alguien había hecho una película llamada Independence Day. Dado ese problema, la cinta de Spielberg parece otra subhistoria más de la película anterior. Los extraterrestes, para colmo de males, tienen la misma cara de calamar de los que enfrentó Will Smith.

3. La última de eco


La misteriosa llama de la reina Loana es un libro simpático pero anecdótico. No llena para nada las expectativas que usualmente me produce un trabajo de Eco. Qué lejos se ve El péndulo de Focault desde el final de esta novela ilustrada. La busqueda de Yambo se torna eterna y no cautiva. El cierre interesa pero cabría mejor en un libro de relatos cortos.

4. Beamer

¿Presentaciones con LaTeX? Beamer debe ser el paquete elegido, no lo piense más.

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11 Julio 2005

Todos los Funes.

Funés va a Lyon a su primer (y probablemente último) congreso. Yo ando de congreso en Cambridge, espero que no sea el último y definitivamente no es el primero. La obsesión de Funés por los Funes que pueblan la literatura latinoamericana desde que descubrió el de Borges y los de Quiroga y otros es natural, su nombre maldice y prefigura, define. Es una novela corta que se quedó igualmente corta a la hora de mantener mi interés. Puede ser, supongo, porque en general no me causan particular curiosidad los estudiosos de la literatura que dedican su vida a encontrar (y frecuentemente inventar) razones ocultas para la existencia de tal o cual frase, nombre, lugar o palabra en tal o cual texto. Me parece que llenan de misterio textos que emanan inocencia, el misterio analítico pervierte y oscurece.

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27 Junio 2005

Sosiego.

Peor que la calma que precede a la tormenta es aquella que precede a la nada, al vacío. La mosca, viva, es introducida en la campana de vacío, a falta de campana de vacío buena es una jeringa grande. La mosca camina maldiciendo la limpieza del lugar hasta que encendemos la bomba. En el caso de la jeringa la cosa es mucho más súbita, más ejemplificante, concentrémonos en ese caso: La mosca camina por dentro de la jeringa, nosotros tapamos con un dedo el orificio de salida tras expulsar casi todo el aire del interior y dejar a la mosca en el espacio mínimo que le permita seguir con vida. Luego, miramos a la mosca a los ojos y anotamos en papel las observaciones concentrándonos particularmente en su rostro. Aspiramos el miedo, ¿no es así?, los miles de ojitos temblorosos, las patitas frontales se frotan con nerviosismo, las traseras se adhieren a la superficie de plástico, las alitas, congeladas, perciben antes que nadie lo que está por venir.

Con el dedo en el orificio de la jeringa procedemos a realizar un rápido jalón del émbolo. La mosca se infla al ritmo del jalón mientras zumba con fuerza y luego, si se hace bien, estalla en pedacitos: una alita aquí, un pedazo de ojo allá, el abdomen en tres pedazos, la boquita abierta con un hilito de baba y sangre colgando. Alguna vez me explicaron por qué sucede, pero ahora no soy capaz de explicarlo. Igual no importa, recomiendo intentarlo en casa.

Dada la calma profunda que me posee, hoy iniciaré la lectura del Libro del desasosiego de Pessoa, más detalles adelante.

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25 Junio 2005

I'm not a quitter.

The terrible part, though, is that I meant it when I asked her. That's the terrible part. I swear to God I'm a madman.

J. D. Salinger, The catcher in the rye

Probablemente lo mejor que uno podría hacer es dejar de estudiar, o al menos aprender algo que le sirva para ganarse el pan sin necesidad de depender de universidades que lo contraten o industrias que lo esclavizen (ebanistería, horticultura, lectura de manos, estafa, caligrafía). Por supuesto, es un poco tarde para andar llegando a semejantes conclusiones, pero no está de más dejarlas por escrito para advertir a las siguientes generaciones que aun hay tiempo de dejar de ser ovejas. Ésto por el lado de los soliloquios.

Por el lado de los libros están Time out of joint de P.K. Dick y The book of Illusions de P. Auster. El primero es un cuento paranoico con twist sobre un tipo que se gana la vida resolviendo un acertijo que el periodico publica todos los días y de repente tiene la sensación de que detrás del acertijo hay algo más que un premio, que el acertijo es clave y su vida no es tan simple y sosa como parece. El segundo es un libro sobre un literato que, sumido en la depresión, renace a traves del descubrimiento de un director de cine cómico mudo que desapareció prematuramente sin dejar rastro, por allá en 1929. Luego de publicar el libro el literato recibe una carta donde alguien lo invita a conocer al director. El tipo dudará, es imposible que el director aun esté vivo. Pero finalmente accederá a visitar al viejo y en el camino se encontrará con la historia de la vida del director y la solución al misterio de su desvanecimiento repentino.

Para finalizar, en video tenemos Rushmore, de W. Anderson y en cine Batman begins de C. Nolan. La primera es una escenificación sobrecontrolada (muy a la Anderson) de temáticas tipo Salinger en un ambiente contemporaneo. La primera vez que me la vi no me causó tan buena impresión como en esta ocasión. Anderson es mi director agridulce favorito. Nolan, por su parte, nos presenta un posible génesis del caballero enmascarado. Wayne presencia la muerte de sus padres y sobreviene la culpa. Esta crece y crece y eventualmente lo obliga a escapar de su mundo de comodidades. Fuera de él, Wayne conoce el mundo subterraneo y se educa en sus artes. Es rescatado del mal camino por una escuela de ninjas que lo invita a convertirse en uno de ellos. Wayne accede a ser educado pero se rehusa a ser finalmente reclutado. Wayne es y no es, y de la duda nace Batman, que resuelve la dualidad.

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El edificio en la esquina fue antes un monasterio y luego un hotel de algún renombre. Tras el climax vino la decadencia: De hotel degeneró en inquilinato, de inquilinato transmutó en bodega. Del edificio solo queda la fachada y ecos retumbando en los pocos muros aun en pie.

El monstruo de concreto aguarda paciente su despertar furioso. Nada resistirá su ira.

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