j. En Paris no se acaba nunca, por ejemplo, su alter ego fanático de Hemingway parece al final terriblemente decepcionado de su versión joven en Paris pretendiendo fallidamente ser un intelectual. Me gusta el contraste entre la foto en la solapa de ese libro y la de algunos de los anteriores. Yo no sé si fue a propósito pero pareciera como si el de la foto de París no se acaba nunca se burlara de su versión más joven y seria vestida de negro, con corbata y cigarrillo en la mano. En fin, ¿qué le hubiera dicho usted al joven Vila-Matas si él le hubiera pedido consejo para continuar escribiendo La asesina ilustrada? A mi me gustó, lo leí hace poco, Bolaño dice por ahí que le da miedo. ¿A usted le gusta su primera novela o le da vergüenza? ¿Se relee?

V-M Ahora que ya no promociono mi libro sobre París y el libro anda suelto haciendo su vida propia, le diré algo que no había hasta ahora dicho. El Vila-Matas joven que fue a París no fue jamás (como se cuenta en el libro) a triunfar, fue sólo a sobrevivir. Se quedó dos años en la buhardilla de Duras porque en Barcelona no tenía apartamento. Le resultaba, desde el punto de vista económico, más cómodo quedarse en París. Así son las cosas de sencillas a veces. Para la novela, inventé que había ido a triunfar a París porque quise jugar con el esquema clásico de esas narraciones estilo La Educación Sentimental: un joven va a la capital con la idea de triunfar, va, vive allí un tiempo y luego regresa habiendo fracasado.

En cuanto a ese hipotetico consejo que habría podido darle al joven Vila-Matas en el caso de que me hubiera consultado la continuidad de La asesina ilustrada, le diré la verdad: no le habría dicho nada, ni una sola palabra, porque le habría advertido demasiados peligros que le acechaban antes de encontrar a Paula de Parma y le habría confundido, le habría hecho perderse en un laberinto y no habría encontrado a la Amada.

En cuanto a Bolaño no sabía que hubiera dicho eso. Sé que él, con un indudable gusto literario, hablaba muy bien de Suicidios Ejemplares, un libro que en Italia, la semana pasada, ha recibido unas críticas buenísimas en las que se llega a hablar de genialidad. Y yo me pregunto por qué, cuando en España, hace ya doce años o más, apareció el libro, sólo Ignacio Echevarría, Masoliver Ródenas y Mercedes Monmany, tres críticos, avisaron de la calidad del libro. ¿Y los otros críticos dónde estaban? Pues leyendo a Gándara, Llamazares y Muñoz Molina, poniendo los cimientos de una literatura de la repetición.

Me pregunta si me releo. Casi nunca. A veces, si por casualidad lo hago, quedo entusiasmado al ver lo inocente que era antes. Me pregunta si me da verguenza mi primer libro. Mi primer libro, en contra de lo que se dice en París no se acaba nunca no fue La asesina ilustrada, sino uno titulado Mujer en el espejo contemplando el paisaje (cuyo verdadero título era En un lugar aparte, pero en la editorial Tusquets me cambiaron el título), un libro raro y vanguardista, escrito, a lo largo de seis meses, en la trastienda de un colmado del norte de África.

(Su respuesta había sido contundente. Di un brinco hacia atrás e intenté apaciguar el combate con un sencillo -y hasta amistoso- par de jabs)

(Entevista completa, acá)