Peor que la calma que precede a la tormenta es aquella que precede a la nada, al vacío. La mosca, viva, es introducida en la campana de vacío, a falta de campana de vacío buena es una jeringa grande. La mosca camina maldiciendo la limpieza del lugar hasta que encendemos la bomba. En el caso de la jeringa la cosa es mucho más súbita, más ejemplificante, concentrémonos en ese caso: La mosca camina por dentro de la jeringa, nosotros tapamos con un dedo el orificio de salida tras expulsar casi todo el aire del interior y dejar a la mosca en el espacio mínimo que le permita seguir con vida. Luego, miramos a la mosca a los ojos y anotamos en papel las observaciones concentrándonos particularmente en su rostro. Aspiramos el miedo, ¿no es así?, los miles de ojitos temblorosos, las patitas frontales se frotan con nerviosismo, las traseras se adhieren a la superficie de plástico, las alitas, congeladas, perciben antes que nadie lo que está por venir.
Con el dedo en el orificio de la jeringa procedemos a realizar un rápido jalón del émbolo. La mosca se infla al ritmo del jalón mientras zumba con fuerza y luego, si se hace bien, estalla en pedacitos: una alita aquí, un pedazo de ojo allá, el abdomen en tres pedazos, la boquita abierta con un hilito de baba y sangre colgando. Alguna vez me explicaron por qué sucede, pero ahora no soy capaz de explicarlo. Igual no importa, recomiendo intentarlo en casa.
Dada la calma profunda que me posee, hoy iniciaré la lectura del Libro del desasosiego de Pessoa, más detalles adelante.

Mieerda, que interesante.
La primera vez que leí este blog, pensé qu eer ade crítica de cine, segun me informan (Molly) eres un fan de ese arte.