El edificio en la esquina fue antes un monasterio y luego un hotel de algún renombre. Tras el climax vino la decadencia: De hotel degeneró en inquilinato, de inquilinato transmutó en bodega. Del edificio solo queda la fachada y ecos retumbando en los pocos muros aun en pie.
El monstruo de concreto aguarda paciente su despertar furioso. Nada resistirá su ira.